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Mostrando entradas de octubre, 2015

El rompimiento de las espectativas... (Febrero)

No estás aquí presente ni yo frente a ti, pero imaginare tú presencia mientras te escribo ya que siempre quisimos resolver nuestras diferencias frente a un aparato, probablemente daba igual, hace mucho que no resolvíamos nada aunque estuviéramos presentes.
Esta vez, en este escrito tratare de no utilizar palabras obtusas seré yo misma sin una poesía que aun no aprendo a escribir. Quería despedirme de ti, nos fuimos así sin despedirnos dándonos la espalda detrás de un aparato sin decir más que; muchos y tantos reproches y peleas. Quiero despedirme porque probablemente nunca más nos volveremos a ver ni hablar ni a saber del otro no tenemos ningún camino que nos cruce, me despido en forma de letras porque también así fueron las cosas entre nosotros y por supuesto porque ya es tarde para despedirnos en persona, ya corrió el tiempo y sí, tengo claro mis sentimientos y te amo, pero volverte a ver a ahora para despedirme seria revivir lo que se está apagando, no quiero confundirme ya. Por e…

Siempre una ultima vez...

He decidido escribirte una vez más, antes de marcharme, sí, me voy, ¿a dónde? no muy lejos, ¿cuánto tiempo? No importa, ni siquiera notaras mi ausencia en esta enorme ciudad. necesito un aire diferente y unas cuantas cosas que pensar más, pero no me voy con esa idea, el motivo es otro ni siquiera sé si tendré tiempo para pensar, en fin, he decidido escribir antes de partir solo porque no quiero llevarme las maletas pesadas de palabras cargadas de sentimiento, te escribo otra ultima vez para deshacerte, para hablar, para decirte lo que hasta ahora no era capaz de aventarle al aire y a tu recuerdo, hoy lo hago, quiero irme ligera y por eso he decido no guardar este escrito en mi maleta. Debo volver pero no sé si en esa vuelta regrese, por eso te escribo antes de irme por si algo se queda por haya abandonado, por ejemplo mis lágrimas en las que hay trocitos de ti, los pedazos de amor que me quedaron y los haga polvo y decida soplarlos. Cuando vuelva todo seguirá igual, lo sé, cada cosa …

No quiero, no quería, no era así...

No te quiero decir adiós. Entiéndeme, me resisto a dejarte ir porque siempre has sido todo lo que venía después, y ahora que te vas se me caen de las manos las mañanas contigo.
Escribo sobre la tristeza solo porque le tengo un pánico aterrador y no quiero que me sorprenda, pero luego me imagino sin ti y la hija de puta me deja con los calzones abajo mientras me dice: ‘escribirlo no es conocerlo’. entonces el invierno se me atornilla en la garganta mientras tú te vas y yo, yo me pierdo.
Y de repente esta ciudad es la más grande del planeta.
Voy a tientas por la vida, buscando puentes cercanos porque el suicidio siempre fue la huida más poética, callejones sin salida para poder llenarme las manos de excusas corazones empezados para no tener que darles el mío, camas a las que no me quedo ver bostezar para evitarme soñar. Me enseñaron a escribir y se olvidaron de explicarme cómo usar las palabras, mis intentos fallidos dejaron el amor y mi valentía tirados en la cuneta, y soy capa…

Alguien me escribió...

Imposible pensar cuántas noches han ocurrido, es como si hubieran sido todas, como si desde el inicio hubieran estado ahí, en un espacio infinito juntos, como si el cuerpo de uno hubiera sido, desde antes que todo, el complemento del cuerpo del otro. No sólo sus besos ocurren con perfección matemática sino sus intenciones empatan como si estuvieran destinados por alguna fuerza maliciosa que los hace perfectos el uno para el otro y los distanciara en las ocupaciones reales de su cotidianidad. Ella en un compromiso, en un espacio fabricado años atrás con buenas intenciones pero sin magia. Él distanciado por la intención de no entrometerse más allá de lo común, condenado a aterrarse de sus capacidades intelectuales y el efecto de ellas sobre cualquier otro. La noche indeseada había llegado, un “ven a mí” iniciaba una corta pero dolorosa despedida. No es que se fueran a separar por mucho tiempo, es sólo que no querían estar separados a partir de ese momento y es que cada abrazo se prolong…

Tendrá que ser así.

Terminamos
es tan peligroso
-y difícil-
como despertar a un sonámbulo
que cree que puede volar
y sale a la calle a buscar un puente
que le recuerde a todas las cosas
que nunca pudieron ser
para que sean.
O le despiertas y muere.
o se tira y vuela
solo dentro de su sueño
-al fin y al cabo,
los sonámbulos
son los únicos dispuestos
a morir por sus sueños-.

Como explicártelo:
solo supimos volar
porque uno sostenía al otro.
pero ahora nos hemos soltado la mano
porque nos quedamos sin dedos
para contar las heridas que nos estábamos causando,
y aun no sé qué pesa más:
el cansancio de una mano vacía
o el apoyo de una palma que no puede tocarte
-en ese hueco que separaba nuestras bocas
y que era lo único que nos unía,
lo único que nos huía
deje escrito cien poemas,
es decir cien formas de morir-.

Te confesare algo:
todas las veces que nos gritamos
al oído y sin cuidado
que tú y yo nunca tendríamos final
no existen.

Existes tú
en la medida que existe mi dolor
y estas ganas de ser lo que no …

De la clase a la practica.

Como todos los días yo te esperaba…  Te esperaba pasar a la misma hora y en la misma banca. Aquel día pasaste una hora antes que de costumbre  por aquel sitio. Y yo embobada te miraba lunática, me imaginaba entre tus brazos respirando de tu aliento y tu robando el mío. De pronto ocurrió lo inesperado, esta vez no pasaste con prisa a tu destino. Te detuviste justo frente a la banca en la que yo estaba sentada esperando mirarte pasar. Te dirigiste hacia a mí, y mis  nervios comenzaron a subir y el corazón a latir más rápido, pero supe controlarme. Te sentaste a mi lado y abriste un libro en el que pusiste toda tu atención, no me mirabas y yo temblaba… Te tenía tan cerca y tan inalcanzable a la vez, moría por tocarte, mis manos ansiaban sentir tu piel, descubrir tu textura milímetro a milímetro, conocer los viajes a través de tus manos, mi cuerpo empezaba a tensarse y un calor extraño pero dulcemente ardiente invadía con rabia mi locura, necesitaba sentirte, cada vez te quería más cerc…

A un poema de distancia.

Me partí en dos después de ti; me dividí como se dividen los días   según las ganas que tengas de recordarme, como se abren mis calles cuando te descubren caminando en el viento del invierno,
como la única chica feliz en un bar de carretera o la única chica triste un viernes por la noche, como un funambulista adicto a las caídas, como si el precipicio fueran mis manos y el miedo se hubiera evaporado de tus pies; me fui y me dejé contigo tan desnuda que pensé que jamás volvería a tener calor -en un mundo de contradicciones eres mi rey-.
Dejé mi mitad esparcidas sobre tus sábanas y entre tu pelo hundí mi nariz mientras dormías -o mientras escuchaba al mundo respirar, ya no sé- para que no te dieras cuenta de lo rabiosos que me resultan los días cuando apareces, es decir, cuando no apareces. Lloví sobre tu espalda al mismo tiempo que sacaba el paraguas para que mi ausencia no te salpicara, a pesar de lo que me gustaría lamer las heridas revueltas de tu costado, y hacer nudos c…