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Sentimientos cruzados

Hoy llueve mi alma.
hoy he vuelto a pensar en un tal vez,
y me lo han roto,
lo vi romperse a cachos frente a mi,
el cielo estaba triste.
y yo sonreía, como si no me importara,
y yo hablaba, mientras el cielo se rompía.
Y mi corazón en ese instante salio corriendo
a recorrer todos los años.
y ahí estábamos solo nosotros dos,
hoy eramos tres y yo era la que sobraba.
Hoy la esperanza se me cayo en el charco de mis pies.
Y la resignación no ha querido venir a tocarme.
Hoy mis sentimientos son una maraña,
y todas las oportunidades que tuve me asesinan
reprochándome haberlas dejado pasar,
hoy no se a donde correr.
¿nos perdimos o te perdí?
El frió se convirtió en calor quemando mis mejillas,
he sonreído a la imagen que hoy me derrumba.
¿que hago?
¿levanto la esperanza y la guardo en mi bolsillo?
o ¿dejo pasar el momento y sigo caminando como siempre?.
¿a quien pregunto si aun existo en tu corazón?
pasaran los años y descubriré
que en alguna parte de mis costillas
siempre dolerás.
Hoy necesito una caricia que junte estos pedazos.
Necesito unos brazos en los que hundirme solo sea mi salvación.

Comentarios

Kelly Ferrero ha dicho que…
Preciosa entrada Gebryys...Me encanta de verdad, qué bonito.
Un saludo, y déjame decirte que mi blog está abierto a criticas constructivas, pásate cuando quieras :3

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Soportemos la grieta. Que olvidar de dónde vienes es no saber a dónde ir
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porque no l…

La noche a nuestro favor

Una, dos… tres noches,
ni siquiera recuerdo ya
cuantas veces me perdí en la oscuridad.

El cielo,
la noche,
tú coche,
tú y yo.

La aventura,
mi curiosidad,
las ganas…
Tú voz, tus palabras.

Su abandono…
Su olvido…

La locura,
mi locura.

Mis locas ganas de volar
de desprenderme de la moral
y someterme a los caprichos
de los deseos más profundos.

Tus manos.
tu delicadeza,
y mi pasión arrebatadora.

Mi cuerpo sumergido
en el placer de tu lengua,
mis senos erguidos
al capricho de tus dedos,
los vidrios empañados de mis gemidos.
Mis dientes mordiendo
tu cuello,
tú boca,
tú espalda.

Tus manos en mi cuello...
tus manos apretando
mi piel,
mis nalgas,
mi espalda,
mis senos.

Tú saliva escurriendo
sobre mi cuerpo
mi lengua saboreando
el dulce salado de tu altivez,
mis oídos embriagados
con el sonido de tu respiración

Tú lengua con mi lengua mojándose.
Y la noche…
La noche jugando a nuestro favor.

Lo cierto es que te quise.

Nada que perder.
Te espere tres largos meses sin darme cuenta, tres meses que hasta entonces no había ocurrido nada y fue ahí, en ese momento en que lo descubrí, me descubrí; triste y apagada, esperándote en el último rincón de la esperanza con apenas un rayo de luz tocando mi oscuridad. Y no fue hasta entonces, en ese instante que sin ganas tuve que aceptar que te perdí, que debía buscar fuerzas, que lo único que realmente vendría con el tiempo y a quien tenía que esperar era a la resignación y más tarde el olvido, que no podía seguir manteniendo mis manos en puños y te solté, poco a poco muy despacio y con delicadeza deje que por fin empezaras a diluirte entre mis dedos, mientras mis lágrimas decían acompañarte porque no soportaban que te fueras, que te dejara. 
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