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Un día cualquiera de un invierno perdido…

Mirarte es como un crimen… un asesinato de arma blanca contra mi propia entereza; un desgarro de piel, alma y palabras; un corte en la cicatriz que aún rebulla dolor. Mirarte significa temblar y un charco de sangre en los pies; una bala entrando por el costado izquierdo a cámara lenta; locura en los pliegues de mis recuerdos. Mirarte es necesitar hacerlo pero no hacerlo, echar de menos cada puto resto de tu voz, cada puta sonrisa, cada puta palabra, cada puto día de tristeza. Mirarte es no estar, dejar de existir, volatizarme en qué sé yo, matar sonrisas a tiros, resucitar sobredosis de lágrimas, deshacer yemas de dedos en bolas que no quiero que lleven tu nombre. Mirarte es una embestida sobre cualquier pared que resista mil folios de pena, un corazón sin vida en puños que aprietan y no le dejan irse en paz, arañazos en parte del cuerpo que por no sentir no pueden dejar de gritar. Mirarte es quererte, quererte y no querer quererte, necesidad de estrellar mi aliento en tu cuello de una puta vez… Mirarte es drogarme, descorchar tu nombre debajo de mis uñas, fallar en el intento de dejarte de pincharte en mis venas deshechas…

…Siempre fue tu sonrisa, siempre. Fue ella quien colapso mis venas aquel diciembre atravesando años, estaciones y algún que otro parque. Ella fue quien supo cómo tornarse en maravilla al contacto con mis ojos, como noquear todos los pulsos entre dientes apretados y latidos incontrolables, como hacerme sobrevivir sin tenerte. Ella invento nuevas palabras a través de mis dedos, se deslizo entre mi vientre y cadera y se instaló entre mis costillas, cerrando los pulmones cuando le apetecía marcharse. Ella fue quien me enseño a temblar, a desear a creer. Ella fue también quien se fue… y ahora aparece en mis sueños de nuevo, y tus ojos, y tus dedos. Un sueño y nuestras manos entrelazadas por un instante, y yo siendo real contigo por un instante, y mi mundo comenzando a tiritar por un instante.   

Comentarios

JOSÉ LUIS MORANTE ha dicho que…
Los puentes al otro, esos versos que tienen el impulso imprevisible del jazz, la piel cálida de un día de verano, el tono justo de los sentimientos... Un abrazo y seguimos cerquita en la amistad y en la poesía.
Carlos A. Vázquez ha dicho que…
Me gustaría saber más de tí, tengo un proyecto que te podría interesar. Localízame en Whatsapp:5537070065

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La noche a nuestro favor

Una, dos… tres noches,
ni siquiera recuerdo ya
cuantas veces me perdí en la oscuridad.

El cielo,
la noche,
tú coche,
tú y yo.

La aventura,
mi curiosidad,
las ganas…
Tú voz, tus palabras.

Su abandono…
Su olvido…

La locura,
mi locura.

Mis locas ganas de volar
de desprenderme de la moral
y someterme a los caprichos
de los deseos más profundos.

Tus manos.
tu delicadeza,
y mi pasión arrebatadora.

Mi cuerpo sumergido
en el placer de tu lengua,
mis senos erguidos
al capricho de tus dedos,
los vidrios empañados de mis gemidos.
Mis dientes mordiendo
tu cuello,
tú boca,
tú espalda.

Tus manos en mi cuello...
tus manos apretando
mi piel,
mis nalgas,
mi espalda,
mis senos.

Tú saliva escurriendo
sobre mi cuerpo
mi lengua saboreando
el dulce salado de tu altivez,
mis oídos embriagados
con el sonido de tu respiración

Tú lengua con mi lengua mojándose.
Y la noche…
La noche jugando a nuestro favor.

Lo cierto es que te quise.

Nada que perder.
Te espere tres largos meses sin darme cuenta, tres meses que hasta entonces no había ocurrido nada y fue ahí, en ese momento en que lo descubrí, me descubrí; triste y apagada, esperándote en el último rincón de la esperanza con apenas un rayo de luz tocando mi oscuridad. Y no fue hasta entonces, en ese instante que sin ganas tuve que aceptar que te perdí, que debía buscar fuerzas, que lo único que realmente vendría con el tiempo y a quien tenía que esperar era a la resignación y más tarde el olvido, que no podía seguir manteniendo mis manos en puños y te solté, poco a poco muy despacio y con delicadeza deje que por fin empezaras a diluirte entre mis dedos, mientras mis lágrimas decían acompañarte porque no soportaban que te fueras, que te dejara. 
Cuantas veces caí llorándote, cuantas veces quise llamarte e ir a tu casa y buscarte pero ¿a qué iba? ¿Qué iba a decirte? llegaría con todo mi amor pero sin palabras, sin motivos. Cuantas veces, cuantas noches te añore en …