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El día que uno cree que había llegado.


Y ahora se supone que debo comenzar, pero no sé por dónde. Quisiera gritarle al pasado con toda mi rabia. Que sepa que me marchito. Antes que todo, que no soy culpable de su incapacidad de sentir y de amar, pero no importa, sé que ya nada importa que solo hay un camino enorme frente a mis ojos y que no sé cómo comenzar a caminarlo.

Pero sé que no volveré atrás por mucho que ame, no volveré a los brazos vacíos que muchas veces me lastimaron, ni a lo besos fingidos que tanto tiempo me creí. No volveré a ese lugar donde lo deje todo, y como despedida solo escuche que nunca había dado nada ni había estado ahí. Cuando sé que estuve hasta en los momentos que no fui invitada, en los momentos que fui un cero a la izquierda. No volveré.

He aceptado que ese paisaje de ruinas solo puedo mirarlo desde lejos y desde lo alto. Que todo lo que deje ahí, es parte del ayer y que todo lo que traje en mi maleta será para deshacer, que hay cosas que no sirven y hay otras, que hay que reemplazar para volver a comenzar.

No. No sé, como empezar a trazar mis pasos por ese camino que tengo frente a mí, pero ya no tengo miedo de encontrarte ahí, y ya no parare en cada paso, porque me detenga a pensar que tal vez también me amas, que tal vez hemos recapacitado y que nos queremos. Porque no es así. Ya no tengo miedo, no le tengo miedo a mis peros, porque mis peros ya no van para atrás ahora mis peros van para adelante; porque no me quieres, porque no se ni siquiera cuando fue que me quisiste, por todos los insultos, por todas esas palabras con las que me humillaste y me lastimaste como puñales en el pecho que después de tanto tiempo todavía cobraban vida y atravesaban mi cuerpo una y otra vez hasta desvanecerme, porque se, lo que no quiero en mí en vida; que te quiero a ti pero no a la persona que eres. Que cuando piense en un recuerdo bonito recordare: pero siempre me reclamo ese tiempo, cuando piense en las palabras bonitas recordare en la vez que me gritaste con toda la intención de lastimarme, que fuiste cruel. Cada vez que mi corazón intente recordarte mi cabeza pondrá los recuerdos hirientes, y esos serán mi impulso. 

Hoy, por fin abro puertas y ventanas para que termine de escaparse algún desecho tuyo que sobre, hoy por fin estoy segura de mí. Hoy por fin llego el día, este día tan esperado que pensé que nunca llegaría. Hoy por fin eres libre, completamente libre de mis ataduras, mi corazón te ha soltado, ya no te retengo más dentro de mí, retire las cadenas, ya no eres más mi amor, ya no eres más mi flaco, ya no amo tu flacura, ya no eres ni siquiera mi pasado, te libero completamente de mí. Ya no soy tuya, ya no te pertenezco, ni mis besos, ni mis manos. Hoy por fin puedo darte las gracias, por dejarme tan rasguñado el corazón, el alma y la vida. Gracias por cada golpe, por cada herida, solo fueron eso: golpes, rasguños. Yo pensé que estaba rota pero no era verdad solo estaba herida, gracias por haberme dejado sola cuando quise luchar de tu mano, gracias por toda esa indiferencia y burla que me mostrabas cuando mis lágrimas no podía contener, gracias por llamarme mártir, gracias por no haber visto todos esos sentimientos que se fueron a la basura, gracias por haberme gritado a la cara que lo mejor que habías disfrutado era no estar conmigo, gracias por aquella vez que a pesar de las peleas me desperté con ganas de ganarle al día nuestra felicidad y me pagaste con una llamada diciéndome; hoy no, hoy no tengo ganas de verte más!, gracias, gracias por haberme ido destrozando poquito a poquito. 

Me alegro que me llevaras a ponerte un ultimátum, me alegro que no cedieras a él y me demostraras lo poco que te importaba, gracias. Me alegro que me dejaras a la mitad del andén con las pupilas mojadas rompiéndome entre tanta gente, gracias por haberte ido. Me alegro que me hayas gritado tan cruel y despiadadamente frente a tu sangre, me alegro que me hayas reprochado con una sarta de mentiras, me alegra haber colgado aquella llamada y no contestarte más, me alegra que aquel día que viniste no te diera la oportunidad de hablar y me alegra que no hayas insistido, me alegra que no me hayas seguido después de haber cerrado la puerta, me alegra no haberme despedido de ti y solo verte desde mi anden, como nos alejábamos juntos en diferentes caminos, me alegra que nuestro adiós solo se haya quedado en el limbo, no merecías ni una palabra mía. Me alegra haberme ido y me alegra que te fueras, me alegra que no volvieras, y me alegra no haber salido corriendo detrás de ti. Gracias, por todos los malos sabores que me dejaste. Gracias por tu incapacidad de querer. Gracias por enseñarme una sola cosa bien y que no debí aprender; incapacidad de amar, -los que no aman no sufren pero están vacíos-, pero es mejor estar vacío que lleno de tantas mentiras y basura. Gracias por haber huido como un perfecto cobarde, ojala encuentres todas las repuestas a tus preguntas del porque te llamaba así. Gracias por ir por el mundo haciéndote el hombre víctima y poniéndome a mi como la mala, de verdad gracias por ese merito, al menos sé que ese papel nunca cambio y soy feliz con saberme la mala y no la víctima, que no soy víctima de nadie, gracias por engrandecerme ante los ojos de los demás. -Nunca me ha gustado utilizar el papel de víctima (aunque lo fuera)-. 

Gracias por todo esto, que ha hecho que llegara este día: que llegara mi momento de empezar sin ti, sin maletas, sin retrasos, ligera. 



Gracias.

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