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Quien como tú



Quien como tú,

me dije yo, 
cuando dijiste: 
-yo estoy bien-. 

En tu mundo todo estaba bien. Yo lo sabía.
Quien como tú,
que has aprendido a olvidar.
Que sabias olvidar. 

Quien como tú, 
que el corazón ya no te late
a mil por hora cuando se trata de mí,
quien como tú, 
que no sabes lo que es llorar por las noches,
que no despertaras con los ojos llenos de ojeras,
que no te preguntaran si has llorado
o si a los mosquitos se les ha ocurrido picarte en los ojos,
por lo rojos e hinchados que están.

Quien como tú…

Pobre de mí, 
sentí. 
Que no he podido olvidar, 
pobre de mí,
que el corazón me salta cuando escucho tu nombre. 
Pobre de mí,
 que no he aprendido nada de los desamores, 
ni a dejar los malos sabores. 
Pobre de mí
 que sigo dejando que atrevieses mi pecho. 
Pobre de mí 
que sigo queriendo a un imposible.
Que me desbarato cuando llamas.

Quien como tú,
quien como tú que tienes alas,
y cuando no tienes, las robas
o te subes sobre otras para volar.

Quien como tú me dije yo,
que esta noche dormirás en paz.

Pobre de la noche y de mi almohada 
que tendrán que oírme hablar de ti otra vez.

Pobre de mí, 
que mañana mis ojos llevaran tristeza todo el día. 

Quien como tú 
que te has desecho de mí.
Pobre de mí 
que tengo que soportarme todos los días. 

Quien como tú 
que no llevas un pedazo de mí,
que te recuerde siempre que existí.

Pobre de mí 
que me he quedado con tu rostro, 
que llevo pedazos de tus alas en mi interior, 
que es por lo único que puedo sobrevivir 
y que al mismo tiempo mata.

Quien como tú, 
me diré toda la vida; quien como tú...

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