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El día que te fuiste

En mi sofá hay sitio para las canciones,
tus preguntas
y mis caprichos.

No te vayas.

Tengo café de sobra en la alacena
y algún que otro poema perdido
en ese montón de facturas
y un corazón que está dispuesto a aguantar
más emociones.

¿Te parece bien?
Entonces
no te vayas.

Afuera está lloviendo
y no hace falta salir para mojarnos,
aquí también podemos hacerlo,
ya verás como en poco tiempo
nos encajan las arrugas de las manos.

No te vayas.

No te vayas y
Ponte cómodo,
como si fuera tu casa,
quítate los zapatos
o la ropa,
lo que quieras
pero ponte cómodo.

Y no te vayas.

He puesto los sentimientos
en orden aleatorio
para bailar el ritmo que nos toque
por sorpresa,
improvisando.

Espera,
no te vayas.
La casa es pequeña,
pero tiene sus ventajas:
podemos jugar al escondite
sin tener que sufrir para encontrarnos.
Que ya nos hemos perdido muchas veces,
que no hace falta hacernos más daño.
No te vayas.

Te puedes quedar a dormir,
tengo almohadas de sobra en la cama,
tu pecho por ejemplo si te quedas,
o el rincón que prefieras de mis brazos,
y puedes cambiar todos los motivos a tu gusto,
como los cojines
o la intensidad de los besos
para despertar por la mañana.

Voy por más café,
no te vayas.

¿Por dónde iba?
Ah sí,
puedes llenarme la rutina con tu nombre,
el móvil con mensajes,
la casa con tu aroma,
las paredes con gemidos,
la soledad con tu sonrisa,
llenarme la vida de ti,
conmigo,
de nosotros.

Mira,
voy a dejar la puerta sin cerrar
y las ventanas abiertas.
Tengo un par de alas de sobra
que puedes coger las veces que quieras.

¿Qué dices?
¿Te gusta la idea?


Entonces
por favor,
no te vayas.

-V. ZEGARRA-

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