Ir al contenido principal

Espero curarme de ti

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

-J. S.

Comentarios

Andrea Sáenz de Buruaga ha dicho que…
Me gusta mucho!

te voy a recomendar en mi blog para que más gente pueda disfrutar de tus letras.

Un beso y buen día,

Andrea.
Kelly Ferrero ha dicho que…
Hola, me he encontrado con tu espacio y aunque soy nueva por aquí y estoy algo perdida, he de afirmar que me gusta mucho como escribes.


Un abrazo!

Entradas populares de este blog

"Lo que con los años he aprendido"

"Que hay distintas flores en un mismo ramo
que no tienen porque llevarse bien.
Que si tú me dices ven
e inmediatamente lo dejo todo,
es porque no había nada que dejar antes.

Que una ruptura es una muerte
donde puedes ver al difunto burlarse de ti.
Que hacerse inmune a la fragilidad
es morir cada día de crudeza, sostenibilidad y hierro,
que por la grietas también se respira,
que hay que romperse para coger aire
que por querer ser siempre de alambre
uno atraviesa mi corazón.

Que ningún perro merece morir
por culpa de la puta rabia.
Que si no te vuelven a buscar
después de mandarte a la mierda,
si no te enseñan a llorar lo mordido
sin abandonarte del todo, nunca han estado contigo. Que es de inútiles confundir maldad con torpeza.
Que yo me rió a otro volumen cuando somos tu y yo.
que tú y yo somos un ejército y nosotros
un peligro inminente de fractura.

Soportemos la grieta. Que olvidar de dónde vienes es no saber a dónde ir
que a veces las cosas no salen bien
porque no l…

La noche a nuestro favor

Una, dos… tres noches,
ni siquiera recuerdo ya
cuantas veces me perdí en la oscuridad.

El cielo,
la noche,
tú coche,
tú y yo.

La aventura,
mi curiosidad,
las ganas…
Tú voz, tus palabras.

Su abandono…
Su olvido…

La locura,
mi locura.

Mis locas ganas de volar
de desprenderme de la moral
y someterme a los caprichos
de los deseos más profundos.

Tus manos.
tu delicadeza,
y mi pasión arrebatadora.

Mi cuerpo sumergido
en el placer de tu lengua,
mis senos erguidos
al capricho de tus dedos,
los vidrios empañados de mis gemidos.
Mis dientes mordiendo
tu cuello,
tú boca,
tú espalda.

Tus manos en mi cuello...
tus manos apretando
mi piel,
mis nalgas,
mi espalda,
mis senos.

Tú saliva escurriendo
sobre mi cuerpo
mi lengua saboreando
el dulce salado de tu altivez,
mis oídos embriagados
con el sonido de tu respiración

Tú lengua con mi lengua mojándose.
Y la noche…
La noche jugando a nuestro favor.

Lo cierto es que te quise.

Nada que perder.
Te espere tres largos meses sin darme cuenta, tres meses que hasta entonces no había ocurrido nada y fue ahí, en ese momento en que lo descubrí, me descubrí; triste y apagada, esperándote en el último rincón de la esperanza con apenas un rayo de luz tocando mi oscuridad. Y no fue hasta entonces, en ese instante que sin ganas tuve que aceptar que te perdí, que debía buscar fuerzas, que lo único que realmente vendría con el tiempo y a quien tenía que esperar era a la resignación y más tarde el olvido, que no podía seguir manteniendo mis manos en puños y te solté, poco a poco muy despacio y con delicadeza deje que por fin empezaras a diluirte entre mis dedos, mientras mis lágrimas decían acompañarte porque no soportaban que te fueras, que te dejara. 
Cuantas veces caí llorándote, cuantas veces quise llamarte e ir a tu casa y buscarte pero ¿a qué iba? ¿Qué iba a decirte? llegaría con todo mi amor pero sin palabras, sin motivos. Cuantas veces, cuantas noches te añore en …